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Antonio Carmona cuenta que haber estado en coma le llevó a volver con Ketama

Hace casi un año y medio que Antonio Carmona volvió a nacer tras pasar varios días en coma inducido. Al recuperarse decidió dar un giro y exprimir más las cosas «sencillas y verdaderas», entre las que se incluye poner de nuevo en marcha Ketama, el grupo con el que se dio a conocer, tras 14 años de parón.

En una charla desde en Buenos Aires, donde este domingo participará del espectáculo «El abrazo del tango y el flamenco» junto al también cantante español Miguel Poveda y los tangueros argentinos Ariel Ardit y Guillermo Fernández, el artista relata con emoción cómo fue el reencuentro con su hermano Juan y su primo Josemi, los otros componentes de la banda.

«Hubo un momento de reflexión. Después de 14 años que estábamos separados prácticamente en lo personal y lo musical. Ese momento de juntarnos, de venir al hospital… fue una cosa para que iniciáramos de nuevo esa relación», afirma Carmona, que junto a sus compañeros popularizó en la década de 1990 éxitos como «No estamos lokos».

El 4 de octubre de 2017, el intérprete fue hospitalizado durante varios días en Madrid por un cuadro de infección en la zona cervical y la boca, por el que estuvo muy grave y tuvo que ser inducido al coma.

Capítulo crucial

Un crucial capítulo tras el que la vida se convierte «en muchas más alegrías, querencias hacia la familia, a las personas y hacia el mundo», asevera este biznieto, nieto, hijo, primo, tío, sobrino y hermano de artistas flamencos, la saga de «Los Habichuela».

«E intenta uno ser mucho mejor y dar la mejor versión para todos esos a los que quiere. No te digo que está bien que pasen estas cosas, pero no está mal tampoco, porque te das cuenta de muchas cosas y de las cosas sencillas y verdaderas», remarca.

Y Ketama, la banda de ‘nuevo flamenco’ con la que recorrió España y Latinoamérica entre 1985 y 2004, año en el que se lanzó en solitario, se convirtió de nuevo en una prioridad. «Al final somos familia, somos Habichuela, y tendemos a juntarnos igual que los imanes», añade.

El resultado de este reencuentro es la reedición del álbum «De akí a Ketama» (1995), el más crucial de su carrera, en el que agregan nuevas grabaciones de los temas «El problema», con la colaboración de Pablo Alborán y «Vente pá Madrid» junto a Jorge Drexler.

También preparan una gira que comenzarán a finales de este mes y para la que ya están ensayando.

Con la perspectiva del tiempo, Carmona, de 53 años, no duda en reconocer que en sus primeros pasos en el mundo artístico les «dieron caña por todos los lados» por cómo decidieron agarrar el género flamenco y darle una vuelta mezclándolo con estilos como el pop. El famoso mestizaje.

«Actuábamos más de Despeñaperros p’arriba que p’abajo. Nos metían caña por la prensa y todos los lados. ¡Pero si yo soy granadino, vengo de una estirpe familiar que se llaman los Habichuela y creo que nosotros podemos hacer la música que estamos haciendo sin molestar a nadie!», sentencia.

«Ya cuando la gente se cree que el flamenco es suyo y la ortodoxia es suya, entonces la gente se equivoca. El flamenco es patrimonio de la Humanidad. Lo mismo lo puede hacer un belga, que un suizo, que una persona que cante tango. Todos esos que ponen trabas, pues bueno, pa’ellos se quedan», añade.

En este punto, inevitable es sacar a relucir el fenómeno que está causando, dentro y fuera de España, la joven cantante catalana Rosalía, que mezcla flamenco con ritmos urbanos y ha sido objeto de críticas de algunos ortodoxos del género.

«A Rosalía le han dado caña por todos los lados y, sin embargo, lo que no han visto los puristas es que ha hecho un número uno con un ritmo de soleá por bulerías, que es lo más ortodoxo que hay dentro del flamenco», considera Carmona, convencido del «muchísimo mérito» que eso representa.

Sobre las situación en España «creo que hay cada vez menos libertad de expresión. Si eres blanco, ya te dicen que eres blanco. Pienso que se tiene que respetar muchísimo más la gente y pensar más en lo que piensa el español de a pie, no en lo que piensan los políticos», subraya.

Lo que echa más de menos, enfatiza, es que se pueda «expresar» y poder decir lo que piensa «sin que se líen remolinos».



Fuente: La verdad

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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