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Crónica concierto de Shinova en Bilbao

El sábado en la sala Santana 27 asistimos a un espectáculo que entrelazó diferentes formas de expresión artística e incluso, diferentes formas de comunicarlo. Son numerosos y puede que habituales los cambios de formato en las representaciones culturales y la de este fin de semana, chapoteó en aguas de siglos pasados y reminiscencias de géneros musicales probablemente diferentes, pero gracias a los buenos intérpretes, absolutamente compatibles. Este fue el caso del bolo de la banda bizkaina Shinova y el duo artístico de Mariano Estudillo y Nerea Aizpurua bajo la etiqueta Licenciado Vidriera. Un espectáculo del que te puedes imaginar el ritmo, las características de la música o la intensidad, pero nada más alejado de la realidad. Este fin de semana en Fever asistimos a un bolo cualitativo y delicado pero lleno de fuerza y pasión. Os cuento…

Al acceder a la sala, una trabajadora repartió unas pulseras blancas con leds y sensores de movimiento que parecían activarse automáticamente ¿Cuando?… La expectativa está sembrada. Después de un espectáculo acústico y escucha calmada, aparecieron en el escenario como estelas de luz ardiente los berriztarras Shinova. Un grupo que se está labrando un reconocimiento muy positivo en la escena indie nacional, contrastado con el sold out que hicieron en la Riviera de Madrid el pasado dos de febrero. Los primeros pasos de la banda fueron bajo el paraguas del hard rock, del cual conservan la fuerza en el escenario y la técnica en los riffs (por ejemplo), ya que en ocasiones se distorsionaron y evocaron otros sonidos duros y marcados. Presentan su último disco “Cartas de navegación” pero repasaron cortes de sus anteriores álbumes como hicieron con “Niña Kamikaze” del anterior “Volver” donde el público demostró que se sabía los temas y los iba a cantar. Y así fue.

Parecían tranquilos y saludaban a toda persona que gritara sus nombres. Gabriel de la Rosa tiene una voz enigmática que combinó con una expresividad constante en las manos y mirando al público a los ojos. Las guitarras de Dani y Erlantz trabajaron en conjunto pero independientes, ambos tuvieron varios instrumentos a su cargo que no dejaron de intercambiar. Sonó “Volver” y en “Mirlo Blanco”, dos banderas rojas con el símbolo del single que han sacado este año –”Retando al vendaval”- hondearon a los pies del escenario. Obligada aparición de “El álbum“ en el set list y de repente las pulseras que nos dieron a la entrada se iluminaron en un tono rojo y enmarcaron una imagen brutal. La figura de Froufé en los parches se evaporaba momentáneamente por la niebla artificial del espectáculo pero sus beats cortantes y en constante armonía le destacaban en la retaguardia. El bajo de Ander no acaparó ninguna tonalidad destacada y se enraizó en la maraña de melodías brillantes en las que los tonos bajos marcan la diferencia.

Vi y escuché pocos fallos en la mesa de sonido. Tenían el equipo y juego de luces muy cuidado y aportaron intensidad al espectáculo. Abrazamos el final del bolo después de una salida de escena sin «beste bat» por parte del público. La adrenalina subió cuando tocaron “A treinta metros”, se activó la luz de las pulseras y la sala se llenó de serpentinas. Terminamos el bolo cantando: – “Solo es necesaria una razón para cambiar el mundo”– y Gabriel se la ofreció a la audiencia: –“¡Sois vosotros!”

Como en las ventas que fueron testigo de las obras de Feliciana Enríquez o de Lope de Vega, Mariano Estudillo (ex Tábula Rasa) y la chelista Nerea Aizpurua abrieron la velada con melodías acústicas, folklóricas, ardientes y bucólicas entroncadas en apasionados versos cuan juglares de un reino feudal, a elegir, nutrido por el arte y la cultura. Homónimo y evocador a la novela de Cervantes, Licenciado Vidriera prendió la llama con el cover de León Benavente “Ser brigada” y continuaron cuidadosamente el set list con temas propios como “Empezar”, eso si, aderezados por una simpatía contagiosa que unió a todos y a todas las presentes. El diálogo entre artista y audiencia fue constante y esto quitó peso a la posible tensión del formato acústico en el que se presentaban.

Para terminar, entre rimas asonantes y mensajes vanguardistas, tocaron “No es tarde” y Estudillo pidió los coros al público. El desenlace del bolo bebió de versos desgarrados y arraigados en la cultura popular como aquellos de Calderón de la Barca en los que el público acompañó al trovador: (…) ¿Qué es la vida? un frenesí. ¿Qué es la vida? una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños…
Público: –¡Sueños Son!-.

El bolo terminó entre aplausos absolutamente merecidos y la simpatía característica que desprendieron los artistas: –“¡Ha sido un placer ser la vaselina de Shinova!”



Fuente: MondoSonoro

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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