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El fado explora nuevas dimensiones con la voz de Lina y la teclas de Raül Refree

Entre la religión y la magia sitúan el fado Lina y Raül Fernández, alias Refree. De poderosa voz, ella es el penúltimo diamante del género y una brillante heredera de Amália Rodrigues. Él, un dotado y osado experimentador en todas las músicas que entró sin miedo, sin prejuicios ni complejos, en el mundo del flamenco ‘electrotrap’ con Rosalía. Ahora hace lo propio con el fado y Lina, Carolina Rodrigues en su pasaporte. Con las dificultades de la pandemia sacan adelante una gira con su disco ‘Lina_Raül Refree’ en el que la vocalista portuguesa (36 años) pone voz a los temas de Amália Rodrigues y el músico y productor barcelonés (44 años) los fusiona con su singular toque electrónico.

Ni a Refree -productor de Sílvia Pérez Cruz, Rosalía, el Niño de Elche o Rocío Márquez-, ni a Lina les preocupa la reacción de los puristas. Creen que se puede electrificar el fado y reinventarlo. Que para que un género sobreviva hay que innovar «casando la ortodoxia y la heterodoxia, que se necesitan y se alimentan», según Refree. «No te puedes quedar en lo que sabes, hay que experimentar», dice la cantante. «Lo que hacemos no deja de ser fado, es muy intenso, como el fado tradicional, y mantiene su profundo sentimiento. Tenemos enorme respeto por la tradición, pero nos encanta hacer cosas diferentes», insiste.

«También Amália Rodrigues rompió muchas reglas, hizo cosas diferentes y cambió la manera de hacer, de sentir y de cantar el fado; su composición y su poesía. Y los puristas la criticaron con dureza por ello», recuerda la cantante. «En alguna medida Amália fue al fado lo que Camarón al flamenco», dice Refree.

La universal Amália Rodrigues es el hilo conductor del disco y el nexo del innovador dúo ibérico

Fue Carmo Cruz, mánager de Lina, quien reclutó a Refree y les juntó. Ella llevaba trece años cantando en un legendario club de fado de Lisboa, un santuario del género. «Fui con mi guitarra y la cosa no funcionó», explica Refree. Así que acabaron llevando el fado a una nueva e ignota dimensión, con piano y sintetizadores y sin cuerda de púa. «Y ¡eureka!», exclama Refree. «No fue nada premeditado. No quería ser rompedor, ya que la ruptura porque sí carece de sentido. Únicamente buscaba hacer un buen disco», confiesa.

«Entiendo la música como plena libertad; es lo que hice al explorar en el mundo del flamenco, que desconocía, y es lo que he tratado de hacer en el fado, con el que tampoco estaba familiarizado», dice el músico y productor. «No pienso la música como un estilo. La música es música, y al final las cosas discurren solas», agrega Refree, que lleva toda la vida rompiendo moldes y límites. «La música es algo material para mí. Cuando hice versiones de Mairena o de Farina traté de olvidar lo aprendido para darle una emoción nueva y superar los límites artificiales. Y ahora también».

Liturgia y magia

«El fado es emoción compartida que se crea y fluye entre el público y quien lo canta», dice Lina. Para ella, el género portugués por excelencia, que pena por amores no correspondidos, lejanías, muertes, ‘saudades’ y crueles destinos, es «una religión» a la que Raül Refree «ha aportado su magia y su liturgia».

«Todo ha sido muy sencillo y natural», se felicita ella. Él cree que hay conexión entre el flamenco y el fado, «como entre todas las músicas ibéricas», pero que «el fado expresa la pena de forma mucho más extrema».

Conectaron mirándose en la legendaria Amália Rodrigues, inspiración para Lina «desde que era una niña y oía sus canciones en las voces de mi padre y de mi abuela». «El fado encierra todos mis sentimientos, mis vivencias más intimas, y le soy fiel desde los diez años», dice. A pesar de compartir apellido con la reina del género, no aspira a destronarla. «Nadie ocupará jamás el lugar de Amália Rodrigues, es única e irrepetible», dice la vocalista, que iba para cantante de ópera. «Amália supera las fronteras de la música y es un símbolo de Portugal, como Camarón de Andalucía o Bob Marley de Jamaica», apunta Refree.

Hija de emigrantes, Lina nació en Hamburgo, aunque aún bebé regresó con sus padres a Braganza, al norte de Portugal. Allí destacó de cría en el coro de la iglesia, pero se marchó a Oporto con 15 años para estudiar canto en el conservatorio. Cantó cinco años como soprano «pero lo hacía con los ojos cerrados y me caían enormes broncas de los profesores». En Lisboa canalizó su hondura en el fado tras hacer teatro musical «y todo lo que me salía», hasta que Mario Pacheco, guitarrista de Amália Rodrigues, la apadrinó y le marcó un camino en el que creció rápido.

Su gira les llevará, coronavirus mediante, a Santiago de Compostela (6 de septiembre), Tenerife (8 de octubre), Las Palmas (9), Lanzarote (10), y Santander (23).



Fuente: La verdad

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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