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Jacco Gardner, crítica del disco Somnium en Mondo Sonoro (2018)

El cambio de aires sufrido por Jacco Gardner tras mudarse de su Holanda natal a Lisboa se ha materializado en un disco que lo aleja de la concepción psicodélica exhibida en sus inicios, logrando en este caso la fascinación en base a las estampas casi cinematográficas que nos presenta. Una auténtica exploración de sí mismo en la que ha dejado de lado su cara más barroca, aquella que lo aupó como uno de los máximos exponentes del pop psicodélico de vertiente sesentera gracias a su debut “Cabinet of Curiosities”. En esta ocasión ha caído rendido ante lo atractivo del mundo nocturno recreado por Brian Eno o incluso el apartado ambiental en el que Broadcast intentaban capturar las ondas radiofónicas. A pesar de ello, las señas de identidad del músico se encuentran más que presentas en el sentimiento melódico del disco, jugando en temas como “Langragian Point” con esas estructuras que casi evocan a las nanas, teniendo muy claro que la abundancia de instrumentos no tiene que impedir que se perciban con claridad todos ellos, evitando de este modo su completa unión y homogenización. Partiendo de este principio, los experimentos realizados apuntan en múltiples direcciones, destacando sobre todo aquella en la que el carácter psicodélico adquiere el formato más hipnótico y telúrico posible como bien ocurre en “Pale Blue Dot”. Esto implica una gran pérdida de accesibilidad en su obra, pero por el contrario es capaz de inducir al oyente en estados de ánimos bien diferenciados incluso dentro de un mismo tema.

El título del trabajo resulta heredado del libro del mismo nombre escrito por el autor alemán Johannes Kepler, tratando de la exploración de nuevos mundos a través de los sueños. Este fue el punto de partida para que Jacco también intentase poner en marcha esta práctica, intentando buscar en lo más profundo de su psique. Lo más llamativo de este ejercicio quizás fuese la renuncia total al apartado vocal, algo que le ha permitido lograr unas canciones que se enlazan en una historia ininterrumpida. A lo largo de ella hay tiempo para dejarse caer hacia los sonidos más pastoriles, los propios que asocia nuestra mente a lo paranormal o incluso el electro folk, todo ello alternando de una forma precisa el sonido de máquinas con el de los instrumentos más clásicos. Precisamente esta forma de trabajar llama mucho la atención, ya que en anteriores ocasiones el músico holandés contaba únicamente con la imaginación de su amigo Frank Maston a los teclados para elaborar el apartado atmosférico de los temas. Sin embargo, siguiendo la línea de exploración del artista californiano, que curiosamente en su último trabajo “Tulips” también ha renunciado al apartado vocal, nos encontramos con una rica variedad de sintetizadores capaces de lograr sonidos de los más efervescentes. Así es como logra acercar de lleno al oyente ese intrincado mundo interior, que desde luego se localiza en una época mucho más lejana que la nuestra, bien sea viajando al pasado o adelantándose a nuestros tiempos.



Fuente: MondoSonoro

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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