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Jenny Lewis, crítica del disco OnThe Line en Mondo Sonoro (2019)

Lo mejor, pero también lo peor que se puede afirma sobre el nuevo trabajo de Jenny Lewis, es que al reproducirlo el tiempo parece detenerse. Las manecillas del reloj ralentizan su obstinado tic-tac y, sin pretenderlo, estás en otro tiempo otro lugar. El viaje, o ensoñación placentera, te traslada a los ochenta mientras la ciudad de Los Ángeles se materializa ante tus atónitos ojos. Ahí es donde todo empieza a cobrar sentido. A unque no es algo nuevo cuando nos referimos a la colección de canciones de nuestra heroína. Eso es algo que ya pasaba en “The Voyager” (2014), su anterior disco, y lo vuele a hacer ahora bajo la tutela de uno que repite, Ryan Adams, y otro que se incorpora de nuevo. Nada menos que Shawn Everett, productor y mezclador de cualquiera que se precie en Estados Unidos por encima de la treintena (Jim James, Kurt Vile, Wezzer…).

Y es que la nómina de conocidos es muy extensa cuando nos referimos a alguien que, como Lewis, ha mamado desde pequeña lo que representa vivir en el decadente fastuo de la ciudad de las estrellas. En eso comparte experiencia con Beck, otro amigo que deja huella en el álbum, al igual que lo hacen –agárrense- Jim Keltner, Don Was, Ringo Starr o Benmont Tench, casi nada. Sin embargo lo que toca analizar es si el disco merece o no la pena. Y lo cierto es que la merece. Sobre todo en una primera mitad que se muestra más lúcida en lo instrumental, gracias a temas tan rotundos como la explícita “Wasted Youth” donde juega con el contraste de tejer una cándida melodía pop para acompañar una devastador tema sobre la adicción. O en una “Red Bull & Hennessy” que podría encajar sin esfuerzos en la discografía de Stevie Nicks, mientras que “Dogwood” sería más adecuada para el piano de Christine McVie. Y lo digo sin intención de resultar malicioso.

Mucho ha tardado Jenny Lewis en volver a la palestra. Y mucho tiempo ha pasado desde que Rilo Kiley, su anterior banda, fueran esa esperanza indie made in California, al igual que los Shins de James Mercer. Tanto, que ahora el aroma a “cualquier tiempo pasado fue mejor” pesa tanto que acaba por hacer naufragar el resultado final de un álbum que no mantiene el tipo hasta el final, aunque lo intenta.



Fuente: MondoSonoro

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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