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Leiva: «Con este disco estoy abriendo las puertas de mi casa a lo bestia»

Acostumbrado a la vida de escenario en escenario, dice Leiva (Madrid, 1980) que esta es la primera vez que ha tenido que parar durante un año y medio «para no estar en el día de la marmota». «No quiero convertirme en un oficinista de la música», advierte quien presenta ahora ‘Nuclear’, un disco «menos pensado» y que le reconecta con las razones por las que su vida gira en torno a la música. Abierto y reflexivo, el músico explica los pormenores de su cuarto álbum de estudio, que saldrá el 22 de marzo a la venta, da buena cuenta de sus últimos hallazgos musicales y carga contra los festivales, un formato que «se está manoseando y desprestigiando demasiado».

–’Nuclear’ es su cuarto álbum en solitario. ¿Da vértigo mirar atrás?

–No no. Dicen que hay como dos maneras de entender esto: la depresión es exceso de pasado y la ansiedad es exceso de futuro. Yo soy de lo segundo por lo tanto no miro mucho atrás. Vértigo da pero en el fondo este disco es el más conectado con la razón por la que empecé en la música. Es el disco menos pensado, menos producido, con menos expectativas y donde me he despojado de un montón de elementos que venía teniendo en los últimos discos por lo tanto creo que es un disco bastante saludable para mí, me ha sentado muy bien hacerlo.

–¿De qué elementos te has despojado?

–Pues mira cuando te sientas en una producción sueles poner referencias encima de la mesa: musicales, de sonido, incluso de texto… Y en este caso, cuando me junté con Carlos Raya el planteamiento fue ver qué quitábamos con respecto a los discos pasados. Antes era algo así como «igual podemos hacer estas texturas electrónicas con este sintetizador analógico» y esta vez nos hemos quedado con la mínima expresión de la producción de una canción: cuatro personas tocando a la vez, sin añadir nada, con todas sus imperfecciones, y lo mismo con los textos. Están escritos sin atajos, quizá con un grado de exposición mayor del que hubiera querido pero es un disco muy libre de responsabilidad.

–¿Sueles autocensurarte mucho?

–Autocensurarme no. Quizá, en ocasiones, me suelo proteger más porque al final una manera de conocer a las personas es escuchando su música o viendo su obra A veces he dicho: «Uy, aquí estoy abriendo las puertas de mi casa a lo bestia» pero me ha parecido que era la manera más honesta de enfrentarme a este disco. Voy a contar las cosas tal y como vienen y sobre todo que ya lo he dicho en otras ocasiones: no tengo la capacidad literaria de inventarme historias ajenas, yo tengo que mirar hacia mí y contar lo mío. No soy Joaquín Sabina ni Santi Balmes, que se inventan mundos flipantes que te los crees. Yo en el momento en que me pongo a inventar una historia deja de sonar creíble.

–Los estribillos contagiosos siguen ahí. Parece que te salen solos.

–No lo sé, fijate yo pensaba que no es un disco tan fácil de primera escucha. Sí creo que tengo más facilidad para escribir música que para hacer textos. Los textos tengo que trabajarlos de una manera muy concienzuda.

–¿Ha cambiado mucho tu proceso de escritura en estos años?

–Pues no había cambiado nunca hasta este disco en el que he invertido un orden que me ha dado muy buenos resultados. Yo siempre he hecho textos encima de melodías que tenía creadas. Hay gente que genera las melodías en ‘spanglish’, a mí eso me aterra. Siempre he tenido melodías con nananas a las que yo ponía texto encima ahora lo he hecho al revés. Ha sido muy natural porque tenía muchos textos escritos.

Leiva posa poco después de la entrevista. / Virginia Carrasco

–¿Qué retos plantea componer así?

–Es mucho más difícil porque el texto tiene que tener una musicalidad suficiente como para poder hacer una canción pero me doy cuenta de que el año que estuve con Sabina encerrado, componiendo, escribiendo y produciendo, fue un aprendizaje muy grande y de esa experiencia surgieron todos estos textos.

–Precisamente, ‘Costa de Oaxaca’ huele a Sabina.

–Me he dado cuenta después, cuando he escuchado el disco terminado. Esa canción fue la primera que escribí después de terminar el disco de Joaquín y hay una impronta de Joaquín, estaba tan empapado… Estuvimos un año entero encerrados y salió todo lo que aprendí de él.

–En ‘Como si fueras a morir mañana’ mencionas a los ‘haters’. ¿Te preocupan los trolls de internet?

–No no, todo lo contrario. No tengo redes sociales y nunca jamás he buscado mi nombre en internet. Y no me interesa investigar sobre mí porque lo bueno no me lo voy a creer y lo malo sí. No estoy pendiente ni de las críticas a los discos ni a los conciertos. Supongo que es una manera de protección, más allá de que no me interese.

–¿Cómo viviste desde dentro la polémica en torno a aquel artículo de opinión que cargaba contra ese ‘Friends Will Be Friends’ de Queen transmutado a ‘Espidifen’ que realizasteis tu y la banda?

–Fue una cosa surrealista. Era una reunión de amigos haciendo una parodia porque teníamos resaca. Era imposible encontrar un atisbo de machismo en ese vídeo. Esta persona lo trató de buscar pero era imposible y fue un revuelo absurdo que no había por dónde coger.

–Al margen de esta historia, ¿es el mundo del rock machista?

–Es que vivimos en una sociedad muy machista, con muchas viejas maneras muy machistas. En el rock desde luego que lo hay y todos lo hemos vivido y todos hemos cometido actos machistas. Y yo pertenezco a una familia con una educación de igualdad brutal. Mi hermano mayor es un activista feminista de la hostia y todos somos feministas, pero aún así tenemos que combatir todavía el machismo y hemos avanzado mucho pero, joder, tenemos que quitarnos un montón de caspa encima. Creo que hay que reconstruir la masculinidad y plantearla desde otro lugar y estamos en ello. Creo que hay un avance alucinante. El otro día me fui solo a la manifestación, estuve horas caminando entre la gente y era muy emocionante.

–¿Y ese avance se está viviendo en el mundo del rock?

–Yo creo que sí. Ese recurso literario de culpar a la mujer en las canciones se lo está replanteando todo el mundo. Es verdad que está en las canciones, que está en el imaginario del rock, pero creo que hay un par de escalones menos de resentimiento… Yo creo que está muy bien que todos nos replanteemos esos recursos que son un poco machistas.

–¿Y a quién va dirigida ‘Lobos’?

–Bueno, es una cuenta pendiente. Nunca había tenido una canción así, de un ajuste de cuentas, pero me pareció necesario volcarlo y el destinatario sabe que lo es. Ahí me quedo.

–Decías antes que cuando escribes miras hacia dentro. ¿Te importan menos los temas sociales?

–No. Esto es un tema delicado. Que un músico no escriba sobre terrenos sociales no significa que lo social no le afecte. Yo consumo la prensa diaria, casi compulsivamente. El feminismo, el cambio climático, la política… son cosas que me influyen y me hacen sufrir muchísimo. Otra cosa es que seas capaz de trasladar eso a tu obra. Hacer una canción combativa es algo muy difícil y a mí no me ha salido a pesar de haberlo intentado. No ha pasado el filtro. Pero hacer una valoración así es simple. Es como decir que aquella cuando la gente acusó a Fito de votar a Ciudadanos por salir en una foto con Albert Rivera. Eso no significa que comulgues con sus ideales. Que no escriba sobre el cambio climático no quiere decir que me importe una mierda sino que no he sido capaz de ponerlo en una canción.


Leiva, durante la entrevista.
/ Virginia Carrasco

–¿Escuchas música cuando elaboras un disco?

–Yo escucho música siempre.

–¿Y qué escuchabas durante el desarrollo de este álbum?

–El estilo de un disco está estrechamente ligado a lo que estás escuchando en ese momento. Ahora mismo hay una generación de mujeres latinoamericanas que están haciendo las cosas de forma increíble. Para mí el foco actual de la música está en ellas. Daniela Spalla, Ely Guerra… Y hay una chica muy joven que se llama Soak que me encanta. He estado escuchando muchísima música latinoamericana de folclore mezclado con lo moderno que están capitaneando las mujeres y que es alucinante. He estado escuchando mucho también a Chet Baker.

–La semana pasada salieron los datos de la música en vivo en nuestro país y 2018 ha sido el mejor año. Pese a ello da la sensación de que la música mediáticamente ocupa poco espacio.

–El consumo de las cosas ha cambiado mucho. Muy poca gente va a escuchar mi disco entero. La gente consume las obras ya sueltas, como en los sesenta, que eran singles. Ahora las canciones forman parte de unos playlist. La explicación al fenómeno es difícil pero una posible es que un exceso de información en la red. Le das a un click y ves todas las actuaciones del ‘Saturday Night Live’ o de Camarón de la Isla y ahora es muy difícil que la televisión sorprenda a un chaval joven. Aún así creo que es su misión. Yo cuando vi a los Black Crows en ‘El séptimo de caballería’ fue impactante lo que produjo en mí, fue algo mítico y creo que ahora mismo ‘La hora musa’ y con ‘Un país para escucharlo’ son formatos muy importantes y muy necesarios. Los ‘talent-shows’ no explican cómo y desde dónde se hace la música, mientras que un programa de música en directo sí es explicativo. Hacen falta muchísimos más. Es una vergüenza que la música en directo sea de 2 a 6 de la madrugada, es una estafa tremenda. Creo que es una misión que debe cumplir la televisión pública, pero es verdad que hay tanto volumen de información que es difícil sorprender.

–¿Cómo ves el resurgimiento del vinilo? ¿Hay mucho postureo?

–Yo creo que no. Es como todo. Cuando algo se empieza consumir masivamente, hay una tendencia a querer recuperar lo otro. Creo que hay tanta locura y tanto consumo de música, como si fuera comida rápida, que lo que se ha generado es que haya mucha gente con un interés por tener un objeto y un disco y escucharlo tranquilamente. Es un efecto rebote y creo que no es postureo y que está funcionando de verdad. No me imagino a gente comprando vinilos sin tocadiscos. A lo mejor ocurre, pero me parecería tan ‘loser’.

–¿Qué cuentas pendientes tienen los políticos con el mundo de la música?

–Es una asignatura pendiente. Lo primero es que no se nos tiene en cuenta a la hora de cuidarnos socialmente. Los músicos estamos en España desprotegidos. No se concibe como un oficio y las condiciones laborales son muy malas. Y a nivel de espacios indudablemente hay una caza de brujas con las licencias de música en directo. Creo que hay que empezar por ahí.

–Al hilo de esto, hace unos años decías que dejar de tocar en directo te generaba ansiedad. ¿Te ha llegado a ocurrir lo contrario?

–Es la primera vez que me sucede. Yo siempre he vivido de gira, las he vivido de una manera muy intensa y he sido un músico especialmente activo tocando. Pertenezco a la cultura de los músicos que están en la carretera haciendo pueblos, plazas… Y, conforme han ido pasando los años, he tratado de ir encontrando vida más allá de las giras y me he ido dando cuenta de que es muy peligroso mecanizar la música y que se convierta en una rutina. En EE UU tu le dices a alguien que haces 80 conciertos en España y te dice: «¿Dónde, si no hay sitio?». Claro ellos hacen giras por todo el país pero con distancias de miles de kilómetros. Es verdad que hemos explotado tanto lo de las giras, tocar en todos los lados, que yo personalmente me he llegado a cansar de hacer tantos shows y he necesitado parar un año y medio. No quiero convertirme en un oficinista de la música. He tenido que parar para no estar en el día de la marmota.

–¿Es lo que está ocurriendo con los festivales?

–Yo creo que sí. Yo antes iba a más a festivales que ahora, y eso que se ha multiplicado la oferta. Es un formato muy necesario, que ha hecho mucho bien por la música en directo pero que cada día se está descuidando más. Hay un festival en cada pueblo de España y cada día el cartel está menos cuidado mientras la entrada sigue bajando. Se da el caso de que si haces un show y cobras 25 euros, y tienes que pagar escenografía y los nueve músicos que yo llevo al escenario, hay quien te puede decir «pues yo por 32 euros veo doce bandas». Pero claro, ¿en qué condiciones? Ahora hay food trucks, carpas y unos tiempos de show muy ajustados. Creo que en ocasiones se hace bien pero el formato ahora se está manoseando y desprestigiando demasiado.

–Tienes ya un estudio en casa. ¿Te ha hecho eso más vago?

–En mi caso no. Es al revés, he cometido la atrocidad de meter el trabajo en casa, la obsesión se ha multiplicado por mil. De todas maneras yo no grabaría mis discos en mi estudio. Las exigencias técnicas de mi casa no son las que yo necesito para grabar un disco. Creo que los estudios caseros han hecho mucho daño a la calidad de los discos. Es decir que todo el mundo pueda grabar un disco en su casa es muy bueno porque no dependes de terceros ni de compañías pero también está penalizando mucho la calidad de sonido de los discos.

–Con la versión especial del álbum, regalas también las notas de voz de tu móvil.

–Es el mayor desnudo integral que he hecho en mi carrera. De hecho yo no las puedo oír porque me sonrojo. Es como mostrar todo lo que no quiero que alguien escuche pero a la vez es un ejercicio de explicarle a la gente de dónde viene las cosas, de desmitificar… Siempre hay una primera fotografía de una obra imperfecta y de ahí nace todo. Se trata de poder explicarle a alguien dónde empieza y dónde acaba una canción. Me parecía muy bonito. Y también en estos tiempos de exposición mediática, donde todo el mundo muestra su intimidad, me parecía una manera de mostrar mi intimidad desde un prisma musical. Es como un «entra hasta la cocina» de mi música. También me parecía emocionante editar un disco grabado en un teléfono.

–Con 18 años de carrera a tus espaldas, ¿resulta complicado mantener la ilusión?

–Bueno, yo pienso que no. Hay que combatir el sentido de la responsabilidad. Cuando empiezas a hacer música y tu música llega a un nicho y a un reducto de gente muy acotada, no tienes sentido de la responsabilidad y, por lo tanto, eres más libre y lo disfrutas más. Pero poco a poco yo me he ido despojando de expectativas y esto me ha hecho reconectar otra vez con la ilusión de «esto es lo que hago, esta es mi música… Basta ya de buscar referencias y basta ya de esconderte en otras cosas. Este soy yo y así disfruto». En este disco no hay fuegos artificiales y me parece que me he reconectado con el por qué empecé en la música.

–Y en ese plano, en el musical, ¿cambiarías alguna de las decisiones que has tomado en estos 18 años?

–Muchísimas. Incansablemente. No quiere decir que no esté orgulloso pero cambiaría muchísimas cosas.

Leiva.
Leiva. / Virginia Carrasco



Fuente: La verdad

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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