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My Morning Jacket, crítica de su disco The Waterfall II (2020)

Todo lo que rodea a este “The Waterfall II” tiene un punto de irrealidad y misterio. Dos conceptos con los que Jim James disfruta y sabe potenciar. Por lo pronto, aunque se anuncie como el nuevo trabajo de la banda de Kentucky, no lo es para nada. En realidad lo que ha hecho Jim James es rescatar las canciones que tuvo guardadas durante cinco años  de las sesiones del “The Waterfall” primigenio. Recordemos que  ya por  entonces se barajó con la posibilidad de que el disco hubiera sido un triple álbum, dada la gran cantidad de canciones que tenían grabadas. Por eso no nos extrañaría que más adelante nos diéramos de bruces con un tercer capítulo de aquellas sesiones. Y es que la fastidiosa pandemia ha tenido una influencia vital en el cambio de rumbo en los planes del grupo. Por lo pronto ha retrasado el disco con material verdaderamente nuevo de la banda. Y, por otro lado, ha provocado que por culpa del encierro forzoso, a Jim James le diera por rescatar esta decena de temas que ahora nos presenta. Ejercicio que nos ha obligado  a viajar en el tiempo y a situarnos de nuevo en aquel lejano 2015, en un trabajo que ya por entonces nos daba la impresión que marcaba el final de una época. Un cierre de ciclo para la banda que no podíamos imaginar que significara cinco largos años de inactividad bajo el paraguas de My Morning Jacket, porque ya sabemos que Jim James ha disfrutado con sus discos en solitario, participando en múltiples proyectos de colegas (M Ward, Laura Veirs, Elbow, Conor Oberts…) o en su tarea como productor artistas como Basia Bulat, Ray LaMontagne o Cornelia Murr.

Por todo esto “The Waterfall II” te deja un sabor agridulce. Por un lado el seguidor de la banda celebrará escuchar los temas que habían quedado olvidados, aunque también es verdad que dos de ellos (“Magic Bullet”, “The First Time”) ya habían sido editados en 2016 . Y, por otro lado, no deja de flotar en el ambiente una sensación de ‘dejà vu’ que te invita a desear con más ganas la salida de un disco con temas compuestos en 2020 y que marquen el inicio de un nuevo ciclo en la historia de la banda. Por no hablar de las ganas de volver a tenerlos en directo sobre nuestros escenarios, tras aquella histórica última visita en el Azkena rock de 2012. Por todo ello cabe decir que esta segunda parte tiene algo de inoportuno. Podríamos afirmar incluso que es un disco desubicado y que eso le resta valor como obra. En realidad no deja de ser una excusa para encontrarse con algunas canciones que tiene su enjundia, como esa vaporosa e hipnótica “Spinning My Wheels” que abre el disco, o esa “Still Thinkin” que vuelve a poner sobre la mesa la influencia de los Beatles más psicodélicos en la mente creativa de Jim James, al igual que ese aroma progresivo que tan bien le sienta a temas como “Magic Bullet” o a ese desparrame final maca de la casa de “Wasted”. Pero en lineas generales y aunque el álbum te hace gozar de una escucha calmada, resultando un excelente laxante para ansiedades varias, no es menos cierto que será visto como una excentricidad sin demasiado sentido que llega cinco años tarde y eso representa un lastre contra el que tendrá que luchar. Contra eso y contra el hecho de que, pese a tener un bien nivel más que aceptable dentro del devenir del sonido de la banda, carezca del tema memorable por el que pueda ser recordado. Quizás por eso se quedaron en un cajón. No le demos más vueltas.



Fuente: MondoSonoro

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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