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Night Beats, crítica del disco Myth of a Man (2019)

Para su cuarto trabajo al frente de Night Beats, el texano afincado en Seattle Danny Lee Backwell se ha trasladado hasta Nashville para ponerse en manos de Dan Auerbach y, rodeado de una nutrida selección de veteranos músicos de sesión, dar forma a un disco en el que todo funciona, pero casi nada emociona. Las raíces básicas del sonido de Night Beats, esas que beben por igual de 13th Floor Elevators que del Blues o el R&B, siguen presentes en este “Myth of a Man”, pero carentes de la fuerza y emotividad de sus anteriores discos, especialmente el notable “Who sold my generation” (2016).

Parte de la crudeza Lo-fi y de la inmediatez presente en los trabajos previos de Night Beats han desaparecido en “Myth of a Man”, y lo que podría entenderse como una evolución hacia un sonido más maduro en el que la urgencia rock pasa a segundo plano para profundizar en los aspectos más clásicos de su música, queda en terreno de nadie y da como resultado un conjunto de temas que, pese a ser disfrutables en su mayoría, distan mucho de ser los momentos más inspirados de Night Beats.

En su nuevo disco Backwell ha bajado revoluciones, ha suavizado sus composiciones y, en el camino, ha perdido algo de frescura en pos de un sonido tan amable que termina por resultar inofensivo y hasta aburrido por momentos. La riqueza de los arreglos de cuerdas y pianos quedan deslucidos por una producción tan pulcra que acaba jugando a la contra, en un conjunto de canciones que, pese a su irregularidad, cuenta con bastantes aciertos, como la delicadeza de sonoridades acústicas de temas como ‘Footprints’ o ‘Her cold cold heart’, canción que abre el disco y que recuerda por momentos a The Last Shadow Puppets, o ‘(Am I just) Wasting my time’, una preciosa balada de regusto cincuentero y arreglos orquestales con estribillo tan romanticón como irresistible. Ese mismo aire romántico de medios tiempos sobre colchones de violines y guitarras con tremolo se convierte en empalagoso en otros temas, como en ‘Too Young to Pray’ y, sobre todo, en ‘I Wonder’, donde las percusiones latinas y la guitarra española rozan el horterismo peligrosamente.

En la vertiente más eléctrica del disco también encontramos canciones redondas, entre las que destacan Eyes on me, en la que Night Beatss recuperan el espíritu y la energía de sus anteriores discos con su rock garajero sucio y resultón, y ese hit a medio camino entre The Black Keys y Rocket From the Crypt que es ‘One Thing’, seguramente la mejor canción de un disco que, pese a su corrección general, deja bastante que desear viniendo de quién viene.



Fuente: MondoSonoro

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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