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«Nuestro truco ha sido no pensar nunca en el dinero»

Casi dos décadas después de la trágica muerte de Enrique Urquijo, alma de Los Secretos, su hermano Álvaro lo sigue mencionando cada dos por tres. Imposible no hacerlo. En lugar de arrojarse al duelo, el grupo tiró entonces hacia adelante y hoy sigue componiendo para ofrecer el sonido de siempre, que no tienen intención de cambiar.

Antes de comenzar la entrevista, Urquijo revela cuál ha sido su mayor hándicap hasta llegar a ser el músico que es: aprender a tocar mejor a la vez que canta. Mi Paraíso (Warner Music) es el nuevo disco de la banda.

Llevan 40 años, ¿es un milagro?
Nadie se plantea nunca decir: ¿Y si nos tiramos 40 años en esto? Todo lo contrario. El estar tanto tiempo dice mucho de tu entorno y de cómo han sentido tu música varias generaciones.

Hoy los músicos se juntan, se separan…
Creo que uno de los secretos de Los Secretos es no haber pensado nunca en el dinero. Tal vez es un defecto, pero no pensar en el éxito, en qué emisora iba a sonar el disco y en cómo se iba a promocionar, sino pensar en la canción, ha sido el truco. No hemos hecho otra cosa que desvender. Mi hermano Enrique era muy antisistema.

Una postura complicada.
Firmamos con una independiente en el año 86, porque nos echaron de una multinacional, y al año esa independiente formaba parte de otra multinacional. Les pasó a los Eagles. Firmaron con Geffen Records con un amiguete, ahí estaban Neil Young, Linda Ronstadt, Jackson Browne… y el cabrón vendió sus derechos, les metió en un infierno. Estuvieron de juicios y ganaron. Llegaron a un acuerdo, porque el tema editorial era importante para ellos.

Los Secretos se fraguó cuando eran unos niños.
Éramos tres hermanos varones y una hermana pequeña de cuatro años. Yo tenía 14 cuando nos lo empezamos a tomar un poco en serio. En realidad la culpa la tiene mi padre, que en paz descanse. Odió que nos dedicáramos a la música, pero fue el causante de nuestra afición, nos ponía a Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Fats Waller, etc. Le gustaba que nos gustara la música, nos compró la primera guitarra. Ahora son los padres los que llevan a los chicos a los talent shows, un error.

¿Hay menos inquietud musical?
Yo vivo muy encapsulado, aunque te puedo decir que han cerrado un montón de fábricas Gibson y Fender en todo el mundo. Entre una guitarra Gibson Sport, que vale 4.000 pavos y que es la guitarra de los héroes del rock and roll, y un ordenador, los chavales van al ordenador de cabeza. Con internet se tiene a un click el disfrute, para qué vas a tirarte cuatro horas entrenando con un instrumento si lo puedes emular con apps. Venimos de otra generación en la que todo se conseguía a base de esfuerzo, de enfrentamiento con la autoridad, las leyes o la moral de la época. Éramos unos proscritos, habíamos desobedecido a mi padre y la música nos robaba mucho tiempo de los estudios. Pero cuando empezamos a salir en la tele y a ser famosos, la estanquera de al lado de casa de mis padres, que no nos dejaba un paquete de tabaco fiado, nos regalaba cartones.

Eso no ha cambiado mucho.
No, pero antes la fama era la recompensa a un esfuerzo determinado y ahora la fama la puede tener cualquiera. No tienes más que ver Instagram y los stories. Es un juego. La atención y el negocio se han transportado a esa parte. No puede haber el mismo interés por la música con los cambios tecnológicos y por cómo se desarrolla la cultura en los medios. Si las televisiones generalistas no ponen cultura, si no está al alcance de nadie, si no hay música en los colegios, es muy difícil que los chavales tengan curiosidad. Los hay y son buenos, pero son pocos.

Sin embargo, poco a poco hay más programas de música en televisión.
Claro, tiene que haber e irá a más. Hace poco estaba con mi hija, que tiene 17 años, viendo  unos premios musicales y estaba flipando, porque ninguno de los que salía a actuar llevaba guitarras. Todo eran teclados, bailarines y coreografías. La música había pasado a un cuarto plano. Este disco, que tiene un porcentaje de guitarras enorme, parece una cosa rara.

Es el primer disco con temas nuevos en 2011, ¿tenían ganas de vomitarlo?
La dinámica de trabajo que ha surgido a raíz de que no se vendan discos, con directos para mantener el mismo ritmo y alimentar las mismas bocas, te evita estar en casa tranquilo componiendo. Yo tenía unos 12 temas sin terminar para 2013 pero no me gustaban. Y el disco de versiones que preparábamos y que iba a ser doble (Algo prestado) se quedó en uno. Prefiero no grabar a no estar convencido. A mi hermano Enrique, que a lo mejor no componía muchas, cada canción le tenía que volver loco. Por eso siempre íbamos con las canciones justas a los discos.

No podía componer.
Era un poco incapacidad creativa, enfado porque era justo después de la crisis y veías que ciertos señores se estaban quedando dinero que no te daban, etc. Y decías, aquí están los de La Rueda, aquí los de Spotify, aquí Youtube… tenemos 24 millones de visualizaciones de Pero a tu lado y no hemos recibido un duro. Había cambiado tanto en tan poco tiempo que yo me había quedado un poco descorazonado, me vi escribiendo letras como de mierda, no me reconocía. Había una que se llamaba Mentiras, una canción protesta que hablaba de los políticos y no terminé. Dinero por amor sí pasó el filtro.

Suena a Fleetwood Mac.
Soy fan de Fleetwood Mac, es un piropazo. No era la intención. Soy fan de Lindsey Buckingham, aunque ahora no esté en el grupo. Y de Mike Campbell, de mucha gente que ha aportado con su guitarra una sonoridad y un estilo. Para aprender a tocar hay que escuchar mucha música y sería de necios negar que estoy influenciado por otros.

Ya no se escuchan letras como «Me muero por estar contigo» o «Ahora ya no estás».
Cuando hago letras echo muchísimo de menos a mi hermano Enrique, que tenía una capacidad de escribir cosas sin mucho pudor y que sonaban bien. No tienes más que echar un vistazo a lo que se escucha ahora. La gente es consumista y los que producen discos van a saciar ese consumo. La genialidad de los 80 y los 90 se ha visto engullida por la monetización del talento; las listas de éxito se han despoblado de grupos españoles. ¿Tú crees que hoy existirían Pink Floyd o los Who? Es para pensarlo. De ahí un poco mi enfado desde 2011, pero ahora ya se me ha quitado esa tontería.

¿Hasta qué punto están dispuestos a experimentar?
Hay muchos grupos que lo hacen mejor que nosotros en ese sentido. Si no lo hemos nunca no lo vamos a hacer ahora. Tenemos para experimentar un mundo que se llama el mundo de Los Secretos. Qué necesidad tengo de comprarme un teclado y hace música que no sé hacer. Experimentar está bien, pero cuando tienes un estilo propio, que es una marca reconocible y en la que te puedes mover desahogadamente… Creo que dentro de todo el abanico que es Los Secretos no estamos tan encasillados. La música moderna la hacen los jóvenes mucho mejor.

¿’Mi Paraíso’ habla de evadirse, de tener un plan b?
Habla de dos cosas. Es una pequeña crítica: nunca pensé que pudiera estar pasándome lo que a mi padre, que no entendía qué pasaba en mi entorno. Por otro lado, desgraciadamente y por fortuna, paso mucho tiempo fuera de casa. Digo por fortuna porque eso quiere decir que tengo trabajo. Mi paraíso es mi casa y estoy muy poco. Esa es otra lectura.

Su hermano se fue en los 90. ¿Qué cree que pensaría de lo que pasa hoy?
Fliparía muchísimo más que yo. Estaría muy contento por lo bien que le va a su hija y por lo bien que me lo he currado yo con sus canciones, que siguen dándole derechos de autor a su hija. Esa que una de las premisas por las que arrancamos máquinas Los Secretos: cuando murió, uno de los problemas más graves era que su hija tenía deudas, porque él había pedido un préstamo para una casa y había dado el anticipo para producirse un disco. Ahora creo que estaría muy orgulloso. Pero yo también tengo un agradecimiento tremendo. Sus canciones han perdurado en el tiempo porque tenían ese don, esa hechura, ha habido un boca a boca y una transmisión natural con nosotros. Hemos firmado autógrafos a cuatro generaciones.



Fuente: 20 minutos

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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