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Un terremoto portugués con epicentro en Murcia

Resulta sorprentente que una formación como Moonspell, que parece empeñada en sabotear sistemáticamente sus momentos de bonanza comercial, lleve ya casi 30 años en la carretera de forma ininterrumpida. Ya en sus inicios mostraron cierta incomodidad con el éxito, cuando después de hacerse un nombre con sus dos primeros trabajos se embarcaron en una controvertida etapa de experimentación que espantó a buena parte de la audiencia que habían conseguido.

La historia volvió a repetirse en 2006. En lugar de sacar tajada del empujón recibido por un premio de la MTV a la Mejor banda portuguesa, Fernando Ribeiro y los suyos se metieron en el estudio para recuperar sus inicios ‘blackmetaleros’ con ‘Under Satanae’, su trabajo más duro e inaccesible hasta la fecha.

La máxima de que uno no sabe nunca muy bien qué esperar de Moonspell se aplica también a sus conciertos. Hace tres años la banda visitó Murcia por primera vez durante la gira de presentación de ‘Extinction’, pero en lugar de desgranar su entonces última producción le cedió el protagonismo a la segunda entrega de su discografía, ‘Irreligious’, con motivo de su vigésimo aniversario.

El repertorio de este jueves, en el que fue su segundo concierto en la capital, tampoco estuvo dedicado a su último lanzamiento, el directo ‘Lisboa Under The Spell’, sino al anterior ‘1755’. Atípico incluso para los estándares de Moonspell, se trata de su primer trabajo cantado íntegramente en portugués. También es su primera obra conceptual, que narra con gran dramatismo el gran terremoto que sufrió Lisboa el día de Todos los Santos de dicho año. El terrible fenómeno sísmico, que estuvo seguido por un tsunami y un incendio no menos devastadores, no solo provocó la muerte de unas 100.000 personas sino que tuvo fuertes consecuencias sociopolíticas en una Europa católica que no encontraba explicación para tal estallido de ‘cólera de Dios’ en un día tan señalado para la fe cristiana.

Los portugueses, normalmente austeros, aprovecharon este marco temático para realizar un espectáculo más teatral de lo habitual. El tamaño del escenario de la sala Garaje Beat Club no permitía grandes alardes, pero se las arreglaron para vestirlo de catedral gótica con proyecciones, crucifijos y los teclados de Pedro Paixão decorados con una hilera de tubos a modo de órgano de iglesia. Por su parte, Fernando Ribeiro apareció en el escenario con una pintoresca máscara de galeno del siglo XVIII. Fueron los dos mencionados los miembros que llevaron la mayor parte del peso del concierto, uno al teclado y el otro a las voces, arropados por unas guitarras y una sección rítmica con mucha presencia pero pocos momentos de lucimiento.

El terremoto lusitano comenzó con tres piezas de ‘1755’: ‘Em nome do medo’, la homónima e ‘In tremor Dei’, seguidas por otras tres más intercaladas por material más antiguo. Son temas bastante complejos, difíciles de llevar al directo por la prominencia de coros y arreglos orquestales, pero fueron interpretados convenientemente arreglados en lugar de abusar de las pistas pregrabadas. Ganaron, por lo tanto, en contundencia y agresividad, a cambio de perder gran parte del opresivo barroquismo que destilan las versiones de estudio.

La tensión, que no el tenebrismo, se rebajó con el obligado repaso a ‘Irreligious’, con ‘Opium’ y ‘Awake’. Más tarde sonaron ‘Mephisto’ y ‘Full Moon Madness’, dándole un peso excesivo a un disco que, a pesar de ser un clásico, ha sido muy superado en calidad por la discografía posterior de Moonspell. Mucho más interesantes son, por ejemplo, ‘Extinct’ y ‘The Antidote’, ambos con escasa (aunque muy agradecida) presencia en el repertorio o el fundamental ‘Darkness and Hope’, del que no se rescató ni siquiera la sensacional ‘Nocturna’.

Más incontestable fue la presencia de ‘Vampiria’, que Ribeiro aprovechó para vestir una capa de terciopelo, y ‘Alma mater’, un ‘sprint’ de contundencia que dio paso a un breve descanso, antes de volver al escenario con ‘Todos os Santos’ para rematar la faena con energías renovadas. Quizá por la motivación extra que les supone tratar el trágico Gran Terremoto de Lisboa o simplemente porque la noche anterior pudieran disfrutar de su primera jornada de descanso desde que arrancó la gira el pasado 24 de octubre, los miembros de la banda se mostraron especialmente entusiastas.

Puede que las cambiantes inquietudes creativas de Moonspell hayan convertido su dirección musical en una continua huida hacia adelante. Pero, por imprevisible que sea su producción discográfica, lo que no parece cambiar nunca es la entrega que derrochan sobre las tablas. Quizá sea esa obsesión por reinventarse lo que les permite mantener las garras afiladas.

La familiaridad lingüistica hizo mucho por hermanar a la banda con su público. A los habituales esfuerzos del vocalista por comunicarse en castellano se sumó la buena recepción de los nuevos temas cantados en su lengua materna. El público, una heterogénea mezcla de melenudos sudorosos y góticos recién levantados del ataúd, respondió coreando con un fervor casi religioso unas canciones que no destacan por sus estribillos pegadizos precisamente, lo que le dio un segundo sentido a la iconografía cristiana presente en el escenario.

Poco faltó para el lleno, a pesar de ser un jueves y abrir puertas a las 18.30. Es un horario poco compatible con la mayoría de las jornadas laborales e impidió a muchos disfrutar de los teloneros Silver Dust y el demoledor cuarteto griego Rotting Christ. No se fueron los portugueses sin entregar algunas púas y estrechar la mano a los asistentes de las primeras filas. Es el encanto de las salas pequeñas. Muito obrigado, Moonspell.



Fuente: La verdad

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About Sandra

Apasionada de la música y licencia en solfeo en la universidad de Madrid. Actualmente escribo en el blog de Música Ahora y trabajo en la oficina de turismo de Madrid

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